América del Sur se convierte en refugio para los presuntos pederastas de la iglesia

GlobalPost
Priest Jan Van Dael touching a boy's hair in Brazil
Acusado de ser un pederasta, el padre Jan Van Dael juega con el cabello de un niño que recoge sopa en un asentamiento en las afueras de Caucaia, Brasil.

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Los recuerdos de Jennifer eran dispersos y fugaces. Venían repentinamente, disparados por un olor o un vistazo a una luz de vitral. El aroma de pasteles de carne recién horneados le causaba repulsión. Las velas perfumadas, como las de la pequeña iglesia en San Antonio, Texas, a la que iba cuando era niña, la amordazaban del disgusto.

La mamá de Jennifer no lograba entender estos gestos abruptos de repulsión, o sus explosiones de rabia incontrolable que le acompañaba. Por años, su hija había ido resbalándose en el caos, reprobando clases, juntándose con un grupo complicado.

Aquella niña, que supo algún día andar con felicidad por la vida, había cambiado más allá de cualquier forma de reconocerla.

Pero luego, un día, varios años después de que su vida comenzara a desintegrarse, toda la verdad salió a la luz.

“Ella finalmente vino y me dijo que él la había violado”, dijo la madre de la joven a GlobalPost. La terapia le desenterró recuerdos que tenía olvidados: un desmayo súbito, probablemente causado por una droga que le fue suministrada sin que lo supiera  y volviendo a sí aún mareada en una de las camas de la rectoría. “Recuerdo cuando vine, estábamos solos y él estaba encima mío y recuerdo los vitrales, y lo hizo frente al Santísimo Sacramento”, le dijo Jennifer a su madre.

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Jennifer —que es identificada solo por su primer nombre porque todavía sufre un trauma por el presunto incidente— de ninguna manera fue la única feligresa que denunció un abuso del padre Federico Fernández Baeza.

Fernández arribó a San Antonio a principios de los ochentas. En 1983 más de un fiscal lo había acusado de exhibirse ante dos niñas en una piscina local. Un año más tarde, de acuerdo a otra demanda ingresada en 1988 por una familia del lugar, Fernández había comenzado a abusar y violarse de forma habitual a dos hermanos que estaban bajo su cuidado —abuso que continuó, de acuerdo a la demanda, por dos años.

En lugar de ir a la cárcel, la Iglesia negoció una considerable compensación en efectivo para las víctimas, y Fernández fue rápidamente relocalizado en Colombia, donde continuó trabajando para la Iglesia Católica. En mayo, GlobalPost lo rastreó hasta la pintoresca Cartagena. Él es actualmente el segundo administrador más poderoso en una prestigiosa universidad católica, contando, por ser un miembro del clero, con el privilegio, respeto y contacto sin restricciones a jóvenes.

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Fernández es uno de varios curas católicos que han sido acusados de abusar niños en los Estados Unidos y Europa, y que han esquivado su juicio por simplemente mudarse a un país menos desarrollado.

Embarcaciones flotando en el pequeño pueblo pesquero de Puerto Huarmey, Perú.

GlobalPost ha descubierto que la Iglesia Católica ha permitido que presuntos curas abusivos se dirijan a distintas partes del mundo donde enfrentan un menor grado de control de parte de la Justicia y la prensa; esto sucede incluso con el papa Francisco promocionando una reforma en las salvaguardas que cuentan los sacerdotes, buscando frenar el abuso a niños.

En una investigación de un año, rastreamos y enfrentamos cinco de estos curas. Los cinco fueron capaces de continuar trabajando para la iglesia pese a que serias acusaciones en su contra fueron realizadas en el pasado. Cuando los encontramos, todos menos uno continuaban dando misa, la mayoría en comunidades remotas y pobres de América del Sur.

Algunos de estos enfrentaban investigaciones criminales, pero se fueron hacia otros países sin que los cargos los siguieran. Uno de los curas admitió al GlobalPost que había abusado a un adolescente de 13 años, y estuvo de acuerdo con que nunca más podría trabajar en los Estados Unidos. Él continúa predicando en un pequeño pueblo pesquero en Perú. Otro está bajo investigación por las autoridades de Brasil por una cadena de presuntos abusos que incluyen acusaciones en barrios marginales en los que por dos décadas estuvo a cargo de un hogar para niños de la calle, con el apoyo de la Iglesia Católica.  

Dentro de la oficina del Vicario General Juan Roger Rodríguez Ruiz, el único líder de una diócesis que accedió a dar una entrevista.

GlobalPost entrevistó a uno de los líderes de la diócesis del lugar, pero se le negó el acceso a las autoridades más altas de la iglesia a nivel regional. Y pese a prolongados esfuerzos con los encargados de prensa de la iglesia, ni desde el Vaticano, ni tampoco el encargado de una nueva comisión papal que se instaló específicamente para detener el abuso a niños en la iglesia se accedió a hablar con nosotros.

Para los defensores y abogados que han estudiado los casos de curas católicos por décadas, el viaje de estos padres a otros países representa el último capítulo de una larga historia de engaños, colusión e impunidad patrocinada por la iglesia para los abusadores de niños.

“Como los países desarrollados no consiguen mantener a un cura dañino en su lugar de trabajo, los obispos los mudan cada vez más a los países en vías de desarrollo, en los que hay un menor complimiento de la ley, donde la prensa es menos independiente y un gran diferencial de poder entre sacerdotes y feligreses”, dijo David Clohessy, el director nacional y portavoz de la Red de Sobrevivientes de aquellos que fueron abusados por curas, o SNAP (por sus iniciales en inglés). “Esto es gigante, y mi sospecha es que se está convirtiendo en algo cada vez más pronunciado”.

“En el sentido estricto, soy un pedófilo”

El padre Jan Van Dael le sostiene un mechón de cabello luego de que este se sirva sopa gratis. “¡Mira este cabello!”, el cura le dice a los reporteros.

Un jovencito corre por la mugrienta calle llena de basura y pozos, su largo pelo color cobre flota detrás de él. El padre Jan Van Dael, 76, lo alcanza para agarrar su brazo y lo coloca cerca.

“Me hace acordar a un niño que estaba en mi casa en Río de Janeiro”, dice Van Dael, en referencia al orfanato que él solía llevar adelante en 1980.

El joven se zafa y hace la fila para llenar su pote de un contenedor de sopa que Van Dael y sus voluntarios han traído al pequeño asentamiento en las afueras de la ruda ciudad de Caucaia, en el nordeste brasileño.

Van Dael, un belga tranquilo, poco lúcido, parece demostrar un afecto profundo hacia los preadolescentes. Le gusta tomarle fotos. Se acerca a niños que apenas conoce, hambriento por atención.

A fines de 1980, Van Dael se mudó de Europa a Brasil, primero instalándose en Río de Janeiro. Tras pelearse con diócesis local —Van Dael dice que los oficiales de la iglesia obstaculizaron su trabajo con los niños pobres a quienes ellos consideraban criminales—, al belga se le pidió que se vaya y terminó en la ventosa Caucaia, a algunas millas de la peligrosa Fortaleza.

Aprovechándose de la extraordinaria diferencia del tipo de cambio en aquel entonces, que favorecía al dólar y a las monedas europeas, el “cura gringo” abrió un nuevo orfanato para niños de la calle, abandonados y con problemas.

“Es verdaderamente difícil para un niño entender un acto, tocarse, que puede tener sentido de explotación y abuso, y que en los hechos es abuso.”

Llamó a su última casa para niños “Esperança da Criança,” o Esperanza del niño”.

Las paredes encaladas del hogar de los niños —que Van Dael tapó con docenas de fotografías que tomaba de los jóvenes- parecen haber presenciado mucha miseria en lugar de esperanza.

De acuerdo a los fiscales brasileños, Van Dael se encuentra en este momento bajo investigación tanto por las autoridades federales belgas y brasileñas, una indagatoria que se suma a una larga lista de acusaciones por abuso a niños, en contra de Van Dael en dos continentes.

El año pasado, una estación de televisión holandesa entrevistó a dos hombres que reclaman que Van Dael los acarició con intenciones sexuales en la iglesia y en un campamento católico de verano a principio de los 70. Un fiscal federal en Fortaleza le dijo a la estación que ahí hubo algunas denuncias de abuso sexual contra Van Dael durante los últimos 10 años.

El padre Jan Van Dael muestra su colección de retratos —la mayoría son jóvenes varones— en su porche fuera de su casa. El edificio fue un orfanato, pero Van Dael lo cerró algunos años atrás.

En 2011, dos ex pasantes del orfanato de Van Dael le dijeron a la prensa belga que los niños decían que el cura abusaba de ellos. Y el jefe local de la agencia del gobierno para protección de niños en Caucaia le dijo a GlobalPost que había recibido una denuncia contra Van Dael en 2008. Esta acusación se perdió con el tiempo, dijo el oficial, porque no contaban con el staff o los recursos para investigar.

Se ha sospechado que Van Dael es un pedófilo durante años. De todos modos, su carrera como cura ha florecido en los ojos de la arquidiócesis de Fortaleza.

A todos los lugares que fuimos, el padre Jan era recibido con reverencia y respeto.

Sus servicios se encuentran permanentemente cuestionados. Dijo que a veces celebra misa seis veces en la semana en los barrios pobres de Caucaia. Cuando visitamos, Van Dael lideró los servicios en dos iglesias distintas y le dio sopa a los niños, algo que dice que hace todos los días.

A todos los lugares que fuimos, el padre Jan era recibido con reverencia y respeto.

En una larga entrevista, le dijo a GlobalPost que nunca se sintió atraído sexualmente a los niños. Explicó que las acusaciones en su contra existen porque las han inculcado padres abusivos, competidores envidiosos o estudiantes universitarios que no entienden el mundo. Se comparó con Jesús, diciendo que era un rebelde, un pionero y un verdadero humanitario.

“Literalmente, pedofilia viene del griego, pidos que significa niño y philia que signficica amistad”, dijo Van Dael. “En el sentido real de la palabra, soy un pedófilo”.

 

El arzobispo de Fortaleza, que tiene control sobre qué curas pueden llevar adelante una misa en la arquidiócesis, inicialmente estuvo de acuerdo con dar una entrevista. Pero luego de que confrontamos a Van Dael sobre las acusaciones en su contra, el arzobispo dijo que no podía reunirse con el GlobalPost.

La Iglesia Católica tiene una larga historia secreta en referencia a las acusaciones de abuso sexual, reafirmada por una carta apostólica confidencial escrita en 2001 por el papa Juan Pablo II.

La carta afirmaba que todos los casos de abuso sexual por curas deberían ser responsabilidad de la Congregación para la Doctrina de la Fe, que en aquel entonces era encabezada por el cardenal Joseph Ratzinger (quien se convirtió en papa en 2005). La carta también reafirmaba que todos estos casos deberían mantenerse en estricta confidencialidad, bajo el “secreto pontifical”, una política que luego fue muy criticada.  

En agosto, Livia Maria de Sousa, una fiscal federal de Fortaleza le dijo al GlobalPost que su staff había entrevistado a tres personas que habían vivido en el orfanato de Van Dael, como parte de una investigación en curso contra el cura. Dijo que de las entrevistas no había resultado ninguna evidencia nueva contra Van Dael, y agregó que los investigadores tenían planeado entrevistar al cura en septiembre.

De Sousa lamentó que los curas abusivos venían muy seguido a Brasil buscando víctimas. Dijo que investigar abuso dentro de la iglesia puede ser frustrantemente lento, y señaló que el abuso sexual contra niños es un crimen extraordinariamente difícil de investigar, más todavía si el autor es reverenciado como un ícono moral, y las víctimas son la mayoría de las veces muy jóvenes para entender el contenido sexual.

Niños juegan fútbol en las afueras de la ciudad de Caucaia, en el nordeste de Brasil.

“Brasil es un país en el que el catolicismo es muy fuerte y muy presente, y en el que la gente realmente respeta a la iglesia, padres, obispos y a todas las autoridades religiosas”, dijo. “Por lo que es verdaderamente difícil para un niño entender un acto, tocarse, que puede tener sentido de explotación y abuso, y que en los hechos es abuso”.

Van Dael cerró Esperança da Crianza algunos años atrás, cuando las autoridades brasileñas cambiaron sus políticas para dar vivienda a niños problemáticos. Pero él continúa en contacto con niños vulnerables todos los días.

Al hacerlo, Van Dael logra ser legitimado por la Arquidiócesis de Fortaleza y en última instancia, por el Vaticano. Pese a varios años de acusaciones e indagaciones, Van Dael dice que nunca enfrentó una investigación formal realizada por la iglesia.

Cero tolerancia

El padre Paul Madden es un pederasta.

En 1970, Madden, que en aquel entonces era un cura en la Diócesis de Jackson, Mississippi, hizo un viaje a Irlanda con un adolescente de 13 años de su parroquia. En ese viaje, de acuerdo a una demanda realizada por la víctima en 2002, Madden “repetidamente abusó y violó” al joven.

El padre Paul Madden ofrece la comunión a un feligrés en Puerto Huarmey, Perú.

Una demanda anterior, en 1994, finalizó con un pago de US$ 50.000 de la diócesis y una carta de disculpas dirigida a los padres de la víctima, firmada por Madden.

“Desde 1973 me han colmado el remordimiento y la culpa por haber abusado de su hijo”, dice la carta. “No hay excusas para mis acciones y asumo la responsabilidad como un humilde arrepentido”.

En 2003 —luego de que la segunda demanda de una nueva víctima fuera descartada porque había pasado mucho tiempo- Madden se unió a la Diócesis de Chimbote, Perú. En abril, GlobalPost lo encontró celebrando su misa semanal en el pequeño y desorganizado pueblo pesquero de Puerto Huarmey.

Abordado luego del servicio, Madden una vez más admitió el abuso, aunque no quiso reelaborar el suceso.

“Algo sucedió, yo estaba borracho, y nunca había bebido antes en mi vida, era la primera vez, y me desperté en el medio de la noche y… Sí, bueno, algo sucedió”, le dijo al GlobalPost.

 

Madden expresó arrepentimiento por sus acciones, pero tras decir eso, de acuerdo a las enseñanzas de la iglesia, Dios lo ha perdonado por sus pecados.

“Me siento bastante confiado en la piedad de Dios, y también confiado de que Dios perdona todos los pecados”, dijo. “Si soy culpable, estoy perdonando”.

De todos modos, él no tiene ilusiones de haber sido perdonado en los ojos del público norteamericano, o incluso de la Iglesia Católica estadounidense. Consultado sobre si él podría regresar a trabajar a Estados Unidos como un cura, Madden, que es originalmente de Irlanda, fue claro: “No lo creo, por esta ‘política cero’. Y esto viene de antes, no solo del papa Francisco, esto surgió años antes en los Estados Unidos”.

Madden se refería a una política de “cero tolerancia” ante casos de abusos que fue aprobada en la conferencia de obispos católicos de los Estados Unidos en 2002. La misma apunta a remover uno y todos los curas que han abusado de niños sin importar cuánto hace que tuvo lugar.

El pequeño pueblo pesquero de Puerto Huarmey, Perú, a algunas horas manejando hacia el norte de Lima. La iglesia donde el padre Paul Madden celebra misa está a la derecha.

“Cuando un solo acto de abuso sexual es realizado por un cura o un diácono es admitido o así lo establece un proceso apropiado de acuerdo a la ley canónica, el cura o diácono ofensor será permanentemente removido del ministerio eclesiástico”, esto se lee de una de las reglas aprobadas por el Vaticano en la mencionada conferencia.

El año pasado el papa Francisco ostensiblemente tomó la política de los Estados Unidos cuando escribió una carta a todos los obispos del mundo estableciendo que debían acatar las reglas de tolerancia cero.

Pero los abogados de las víctimas señalan que el mensaje del papa fue una maniobra de relaciones públicas, y que un cambio considerable está todavía muy lejos.

Anne Barrett-Doyle, una de las fundadoras de BishopAccountability.org, que rastrea curas alrededor del mundo, dijo que más allá de que el papa haya escrito esa carta, todavía es muy poco claro cuáles son las normas globales a las que ahora se atienen. Dijo que las reglas en los Estados Unidos, aunque son lejanas de ser perfectas, se ven mucho más estrictas que las del resto del mundo.

“Es una mentira, una absoluta farsa que exista algo acercándose a la tolerancia cero en las políticas de abusos alrededor del mundo”, dijo Barrett-Doyle.

En Perú, el superior de Madden en la iglesia reconoció que esta regla de tolerancia cero fuerza a que la diócesis tome acciones sobre el caso.

La iglesia donde el padre Paul madden celebra misa en Puerto Huarmey, Perú. El padre Madden admitió haber abusado a un varón de 13 años y le dijo a GlobalPost que nunca podría volver a trabajar en los Estados Unidos.

Entrevistado en la ciudad de Chimbote, el vicario general Juan Roger Rodríguez Ruiz, el segundo en comando de la diócesis, dijo que el obispo de Chimbote, Angel Simon Piorno, estuvo en shock al enterarse por medio de GlobalPost del pasado de Madden, y que examinará a Madden a la luz de la política de tolerancia cero.

“Algunos pueden encontrarlo difícil, incluso doloroso, que un obispo tenga que investigar a un cura, pero esto debe hacerse”, dijo Rodríguez. Este agregó que Madden sería suspendido de ser necesario.

De todas formas, a mediados de agosto, un miembro de la parroquia de Madden le confirmó al GlobalPost por teléfono que Madden continuaba dando misa todos los domingos.

Intentamos confirmar esto con Rodríguez, pero nuestro email y llamadas nunca fueron respondidas.

Deshonrado en Minnesota, bienvenido de regreso a Ecuador

Para encontrar al padre Francisco “Fredy” Montero, uno debe atravesar un amenazante camino montañoso con un precipicio al costado, tan alto que uno barre las nubes al atravesarlo, buscando un pueblo que los propios locales lo describen como “muy remoto” y “por ahí afuera en el trópico”.

El camino, incrustado en un lugar donde tienen lugar grandes deslizamientos de tierras, ondea desde tierras frías y altas, al clima caliente del interior de la provincia bananera de Bolivar, en Ecuador central. Aquí, a una hora manejando desde el pueblo pequeño más cercano, y a varias horas de la ciudad más cercana está la aldea de Las Naves.

El camino a Las Naves zigzaguea por distintos caminos montañosos llenos de rocas.

En Google Maps, Las Naves aparece como un anillo de jungla verde. No hay calles, marcas ni casas. Es completamente diferente a las anchas avenidas de Minneapolis, Minnesota, en donde no hace tanto Montero se hizo un nombre como un sacerdote gregario, un periodista de la iglesia y DJ part time, y fue acusado de abusar de niños.

Montero, en aquel entonces mediaba sus 30 años, había sido una adición popular a la Arquidiócesis de Minneapolis.

Era rápido al hablar y tenía una sonrisa fácil, encantó a la comunidad hispana local, ayudó a fundar un periódico en español de la iglesia y se instaló como un personaje conocido en su nueva tierra.

Retrato policial del padre Francisco “Fredy” Montero.

Pero cinco años después de llegar, la alegre fachada de Montero se vino abajo. En 2007, un oficial de la arquidiócesis reportó al Departamento de Policía de Minneapolis que Montero había sido acusado de abusar de una niña de cuatro años. Los detectives arrestaron al joven cura, llevándose su computadora y otras posesiones.

“Padre Fredy”, como era conocido por los feligreses, difícilmente era el arquetipo de cura ortodoxo. Por meses, de acuerdo a los reportes policiales, él había estado durmiendo con por lo menos un adulto que asistía a la iglesia. Un testigo del abuso le dijo además a la Policía que el cura y ella tenían sexo en el escritorio de Montero diariamente.

La niña, que no es identificada por petición de su madre fue entrevistada por un psicólogo forense y por otros expertos del Servicio de Protección de Niños del Condado de Hennepin. Ellos concluyeron que Montero había abusado de la niña. Luego, cuando Montero apeló el resultado de la investigación, la agencia sostuvo el fallo, como lo detalla el documento de la diócesis que obtuvo el GlobalPost.

Los investigadores policiales revisaron la computadora de Montero, buscando evidencia de pornografía infantil. Pero los fiscales eventualmente decidieron que simplemente no había suficiente evidencia para procesar al cura por un crimen. Casi inmediatamente Montero viajó de regreso a Ecuador.

El sargento Darren Blauert, el detective de Minneapolis que investigó a Montero, dijo que aunque no hubo cargos, algo le sucedió a la niña que fue “muy inapropiado”. Dijo estar muy preocupado de que a Montero se le haya permitido seguir trabajando con niños.           

“Había suficiente como para que yo me preocupara mucho de que esta persona continuaría haciendo lo que estaba haciendo”, dijo Blauert.

El viaje de GlobalPost a la lejana Guaranda, donde vive Montero ahora, sirve como marca de lo enorme y expansiva institución que es la Iglesia Católica, y de lo desafiante que debe ser para la Policía enfrentar casos como el de Montero, quien recorrió el mundo, llegando a la más pobre y remota de las comunidades.

La ciudad de Guaranda, Ecuador, capital de la montañosa provincia de Bolívar.

Pero gracias a internet, para varios curas, chequear una historia de vida es tan fácil como hacer algunos clicks.

BishopAccountability.org mantiene una base de datos de más de 6.400 clérigos que han sido acusados de manera creíble de abusar sexualmente de un niño en los Estados Unidos. La base de datos contiene mucha información sobre Montero, Madden, Van Dael y varios otros curas que escaparon de sus penas por simplemente subirse a un avión y viajar a otro país. 

Pero gracias a internet, para varios curas, chequear una historia de vida es tan fácil como hacer algunos clicks.

En el caso de Montero, no hubo necesidad de chequear los registros online del cura. Los documentos de la corte muestran que las acusaciones realizadas en Minnesota lo siguieron a Ecuador.

Una carpeta enviada desde la Arquidiócesis de Minneapolis a Guaranda advirtió a la diócesis sudamericana del pasado de Montero. Los oficiales de la arquidiócesis también reportaron de un presunto abuso a la Congregación para la Doctrina de la Fe, es decir, los investigadores internos del vaticano.

Pero Montero fue aparentemente capaz de borrar su pasado una vez que llegó de regreso a su Ecuador nativo.

Tras un tiempo en el que dice que trabajó como periodista, Montero fue ubicado en una sucesión de parroquias remotas en la diócesis de Guaranda, donde continuó celebrando misa e interactuando con gente joven. Eventualmente dejó de trabajar como un cura algunos años atrás –no por las acusaciones en su contra o el potencial daño que pueda ocasionar a los jóvenes, sino por ambiciones políticas-. Decidió lanzar su candidatura a alcalde de Las Naves y el obispo local decidió que la política y el sacerdocio no eran una buena mezcla, dijo.

Una de las calles principales de Guaranda, una ciudad en el centro de Ecuador y la casa de la diócesis del padre Montero.

El obispo Ángel Sánchez, quien le dio la bienvenida a Montero de regreso a Guaranda, ahora lidera una nueva diócesis en Ecuador. Dijo en una entrevista telefónica que en el momento que Montero regresó a Ecuador él estaba al tanto de sus acusaciones en los Estados Unidos, pero señaló que confiaba que Montero era inocente, ya que el caso en su contra no era “concreto” y el cura nunca fue criminalmente procesado.

El obispo también confirmó que, al menos hasta donde él sabía, el Vaticano nunca investigó a Montero luego de haber regresado a Ecuador.

El abogado de la víctima dice que el caso de Montero es el ejemplo claro de cómo la Iglesia Católica elude sus responsabilidades de proteger niños.

Políticas de tolerancia cero son una cosa, pero sin implementaciones significativas por los obispos locales –los lacayos del Vaticano y ejecutores en las comunidades- las doctrinas de la iglesia no crean cambios reales, de acuerdo a Clohessy, el director de SNAP.

“No hay cheques y balances”, dijo Clohessy. “Es como tener límites de velocidad sin policías”.

Un reportero confronta a Montero luego de verlo manejando una camioneta repleta de personas jóvenes.

El abogado de Minneapolis, Jeff Anderson está de acuerdo. Anderson, que ha estado tres décadas demandando curas y representantes de la iglesia por cubrir abusos a niños, demandó a Montero en 2007 y ha seguido el camino del cura ecuatoriano en los últimos años.

Anderson dijo que la responsabilidad de proteger a los niños recae en el obispo de Guaranda y en el obispo de of Minneapolis, que, según dice, dejó a Montero volar a Ecuador sin que se lo haga responsable. Y señala que la responsabilidad última de proteger a los niños de los curas pederastas es del Vaticano.

“Hasta que este papa se deshaga de los cargos altos de estos crímenes y envíe un mensaje de que se tomó el tema en serio, nada parece que va a cambiar”, dijo Anderson. “Hasta que este papa entregue todos los documentos y todos los ofensores que ellos saben son ofensores y están activos sean entregados a las fuerzas de la ley, parece que nada se está haciendo o cambiando". 

David Joles, el padre de la joven niña que Montero presuntamente abusó, encuentra dificultad al hablar del disgusto que le ocasiona la Iglesia Católica, y del dolor que las acciones de Montero le trajeron a él y a su familia.

David Joles.

“Algunas veces ella traía el tema de la nada”, dijo Joles. “Iba en el auto, sentada en el asiento de atrás y decía cosas como ‘el padre Freddy me besó en los labios’”.

En 2011, la hija de Joles murió de un tumor inoperable en el cerebro. Tenía ocho años.

Con el dolor y la angustia por la que tuvo que pasar desde que falleció, a Joles le enferma saber que el hombre que tanto lastimó la corta vida de su hija está todavía caminando libre, y que puede regresar al púlpito en cualquier momento.

“Comencé a ver la forma en que ellos [los representantes de la iglesia] operan”, dijo Joles. “Era un gran negocio y desde su punto de vista parecía que el individuo era algo secundario al negocio, y [mi hija] era solamente un niño, un individuo que había sido lastimado por un cura, y que ese catolicismo y la iglesia eran mucho más importante que personas como ella”.

De regreso en Ecuador, GlobalPost enfrentó a Montero.

Tras esperar por horas en Las Naves, eventualmente lo vimos en las angostas calles que llevan al pueblo. Su camión pick up Chevrolet estaba repleto de niños, a quienes había llevado a un torneo de fútbol.

Inicialmente reacio, Montero eventualmente estuvo de acuerdo en que se lo entreviste al costado de la calle en Las Naves. Dijo que él no se encontraba de nadie, y que él pasó años trabajando con niños sin ninguna otra acusación. Negó el presunto abuso que tuvo lugar.

“Hubo una acusación, pero no hubo evidencia”, dijo.

 

Una nueva comisión, un nuevo tribunal

La Iglesia Católica ha sufrido gravemente por la crisis de abuso sexual en niños que tuvo lugar en los Estados Unidos. El escándalo ha coincidido con el descenso en la cantidad de asistentes a misa de los católicos norteamericanos, y representantes de la iglesia reconocen que ha contribuido a un descenso global de jóvenes que se unen a la iglesia.

Mientras que la porción de que se identifica a sí como católicos se ha mantenido relativamente estable, en estos días solo casi el 27% de ellos dice que son católicos “firmes”, 15 puntos menos que a mediados de los ochenta. Y, entre estos católicos firmes, la cantidad de personas que va a la iglesia se ha reducido a la mitad desde 1974. En los últimos 50 años, la cantidad de curas en Estados Unidos se ha reducido casi un tercio, a 38.000, de acuerdo al Centro de Investigación Aplicada en el Apostolado, una institución afiliada a Georgetown University. En contraste, la población católica global se mantuvo estable, casi 17%.

Siendo temprano desde que comenzó el papado de Francisco, hay esperanza de que la iglesia esté lista para un cambio considerable que proteja a los niños. De todos modos, ya hay evidencia de que el papa parece no estar preparado para confesar públicamente los pecados de la iglesia.

Consideremos el caso del padre Carlos Urrutigoity, en determinado momento fue uno de los cuatro más poderosos representantes de la iglesia paraguaya. Urrutigoity tanía un gran problema: Él había sido acusado de abusar sexualmente a jóvenes de dos diócesis distintas en los Estados Unidos.

En 2014, siguiendo los reportes de BishopAccountability.org, GlobalPost viajó a Paraguay para confrontar a Urrutigoity, quien había sido promovido al segundo hombre al mando de la diócesis de Ciudad del Este, en el este del país.

 

GlobalPost encontró a Urrutigoity celebrando misa en los lujosos alrededores de una de una gran iglesia en Ciudad del Este. Él contestó las preguntas sin dudar, diciendo que las acusaciones sobre su pasado eran todas mentiras. El enigmático vicatio general restó importancia con una sonrisa al reclamo del obispo de Scranton, Pennsylvania de que Urrutigoity era una “amenaza seria a apara la gente joven”.

Un mes después de que el GlobalPost publicara su investigación sobre Urrutigoity, el vaticano envió un cardenal y un obispo a Paraguay, en una mediática visita. El propósito del viaje fue secreto, pero unas semanas más tarde, tanto Urrutigoity y el obispo de Ciudad del Este que lo había protegido y ascendido fueron echados de la diócesis por el Vaticano.

Esto ocurrió un año después de que el papa Francisco tomó el poder, lo sucedido le dio a los observadores esperanzas de que el Vaticano estaba finalmente actuando seriamente en las condenas y limpiando el abuso a niños de la Iglesia Católica. Los activistas sudamericanos en particular tuvieron esperanza de que el papa argentino estaba enviando una señal al deshacerse de Urrutigoity, un compatriota.

  Un vocero del Vaticano le dijo a la prensa que estos hechos tenían más que ver con políticas internas de la iglesia que en limpiar el abuso.

Pero un vocero del Vaticano fue expeditivo y le dijo a la prensa que estos hechos tenían más que ver con políticas internas de la iglesia que en limpiar el abuso.

La aparente fechoría de Urrutigoity por lo pronto ha sido inadvertida por la iglesia, y sus presuntas víctimas continúan sufriendo sin contar con el consuelo de la justicia.

De todos modos, se han dado algunos pasos positivos. El año pasado, además de llevar adelante una reunión muy mediática con víctimas de abusos realizados por curas, el papa Francisco anunció la creación de la Comisión pontificia para la protección de menores. Y en junio el Vaticano anunció que estaba creando un nuevo sistema de tribunales para escuchar casos de obispos acusados de proteger o encubrir abuso de curas a niños.

GlobalPost intentó por semanas entrevistar al cardenal de Boston Sean Patrick O’Malley, quien lidera la comisión y propuso el nuevo tribunal al papa. Su staff insistió que nuestra historia estaba por fuera de la competencia de los temas que ve la comisión o el cardenal.

Varios emails y varias llamadas no tuvieron respuesta desde la oficina de prensa del Vaticano.

El papa Francisco conversa con el cardenal Sean Patrick O'Malley tras arribar al Vaticano el 13 de febrero de 2015.

Peter Saunders, un miembro laico de la comisión pontificia y un abogado para las víctimas de abuso sexual de curas, dijo que los curas que el GlobalPost rastreó son exactamente los casos que la Iglesia Católica y la nueva comisión necesitan enfocarse.

“La tolerancia cero no tienen ningún sentido a menos que se aplique a toda la institución”, dijo. “Podría decirse que algunos de los principales problemas están en los lugares más pobres del mundo, América del Sur, África, el extremo oriente. Aquí es adonde sabemos que varios curas viajaron buscando seguir con su abuso, lo que es un absoluto atropello”.

Saunders reconoció que el cometido de la comisión es todavía un poco borroso. “Todos nos estamos rascando un poco la cabeza”, dijo. Pero también expresó que hay un nuevo optimismo de que la crisis que ha estado haciendo sonar la alarma por décadas, será encarada.

“Debo mantenerme optimista hasta que mis esperanzas sean destruidas”, dijo. “Este es un nuevo futuro para la iglesia”.

Mientras que la iglesia no hace nada: “Quería matarlo”

Durante su temprana adultez Jennifer tenía pesadillas terribles.

“Ella soñaba permanentemente que un hombre la perseguía y la perseguía. Seguía haciendo espirales en ese agujero negro”, su madre recordó en una reciente entrevista al GlobalPost en San Antonio, Texas.

El hombre intentaba cazarla, en lo más profundo del agujero, hasta que se despertaba gritando, dijo la madre de Jennifer. Eventualmente la madre le dijo a la hija que intente que el sueño continúe y gire para confrontar al hombre que la perseguía todas las noches.

Luego la hija tuvo una revelación alarmante. El hombre de los sueños era el mismo hombre que abusó sexualmente de ella frente a los vitrales algunos años atrás.

“Ella dijo que fue el padre Fred,” contó la madre: Federico Fernández Baeza.

Federico Fernández Baeza.

En 1987, Fernández fue acusado por un gran jurado de dos cargos de segundo grado de indecencia con un niño. Los cargos se dieron por el presunto abuso de dos niños durante dos años.

Un año más tarde Fernández estaba negociando un arreglo con los fiscales, dijo a la prensa el abogado de los familiares de la víctima. Él había ofrecido declararse culpable a los dos cargos de indecencia a cambio de una suspensión de 10 años de la sentencia y la promesa de que se mantendría lejos de los niños y buscaría ayuda psiquiátrica, el abogado dijo a la prensa.

Pero Fernández y los abogados la diócesis de San Antonio también estaban negociando con dinero con la familia, más de un millón de dólares de acuerdo a reportes de prensa.

Justo antes de que las negociaciones por declararse culpable se definieran en la corte, el arreglo por dinero finalizó. Sus términos fueron confidenciales y permanecen en secreto.

Algunos días más tarde, un juez de distrinto recusó la propuesta de Fernández. Ella le dijo a los reporteros que rechazó el arreglo porque no creía que el acusado debía obtener un trato especial por ser un cura.

Pero Fernández nunca enfrentó un juicio.

Luego de que su intento de llegar a un arreglo fue rechazado, los fiscales de San Antonio repentinamente dejaron de lado el caso en contra del cura. La agencia internacional de prensa United Press International citó al Fiscal del distrito del condado de Bexar Fred Rodriguez diciendo que los fiscales estaban cuidando los intereses de la familia de la víctima, que “ya habían sido víctimas una vez”. Al preguntarle por haber dejado de lado el caso, los fiscales le dijeron a la jueza que el juicio habría sido muy traumático para el niño, informó la agencia.

Fernández, que estuvo tan cerca de declararse culpable de haber abusado a un niño, fue liberado.

Esta metedura de pata judicial indigno tanto a un legislador del estado de Texas que introdujo un proyecto de ley para se prohíba que las víctimas de abuso sexual luego se rehúsen a aparecer en la corte en casos criminales.

"Las leyes del estado deben cambiarse para que el ofensor culpable no pueda comprar a la víctima e irse libre”, dijo el diputado republicano Jerry Beauchamp a un periódico de San Antonio en 1989.

Pero la estrafalaria historia de Federico Fernández Baeza no había terminado aún.

En 2011, Humberto Leal, un ciudadano mexicano condenado a muerte en Texas por violar hasta la muerte a una joven de 16 años en 1995 (un crimen que él negó cometer), repentinamente le dijo a sus abogados que había sido abusado por Fernández de niño.

Leal le dijo a los psicólogos forenses que el abuso comenzó con manoseos inapropiados, y terminó con violación anal cuando él estaba en quinto grado. Estas revelaciones de abuso inspiraron una campaña que pedía clemencia promovida por otros que decían que Fernández también había abusado de ellos.

El equipo legal de Leal encontró a varias otras presuntas víctimas del cura. Una de ellas era Jennifer. Meses después, Leal fue ejecutado por inyección letal en Huntsville, Texas.

En la investigación realizada por GlobalPost, encontrar a Fernández no fue particularmente difícil. Lo rastramos hasta la Universidad de San Buenaventura en Cartagena, donde es el secretario, el segundo escalafón administrativo de acuerdo al sitio web de la universidad.

Fernández había servido como un cura de alto perfil en Colombia luego de irse deshonrado de los Estados Unidos. El regularmente postea sus “Reflexiones deominicales” en el sitio web de una gran iglesia de Bogotá, y cuando se unió a la universidad en 2014, la contratación fue anunciada online, completada con una foto de un sonriente Fernández.

Tras viajar a Cartagena para reunirse con él, GlobalPost descubrió que hablar con Fernández sería mucho más difícil que encontrarlo.

Este mapa muestra los caminos que viajaron los curas que seguimos luego de las demandas por abuso sexual que se hicieron en su contra en las diócesis de Estados Unidos y Europa.

Un guardia en la puerta frontal de la universidad llamó a alguien en la oficina de Fernández, luego nos informó que el cura estaba viajando, e impidió que GlobalPost ingrese. En un juego de gato y ratón que duró varios días e incluyó horas de hacer guardia frente a la puerta de la universidad, tres representantes de la universidad confirmaron que el cura estaba ahí cuando preguntamos para entrevistarlo. Durante el segundo día, uno de esos representantes, el vicepresidente de la universidad, Jorge Valdez, nos informó que el cura no había dejado la universidad hasta esa mañana.

También recibimos varias llamadas e emails anónimos de alguien que se identificaba como “Limpieza Unidos” quien decía ser un empleado de la universidad. Los mensajes comenzaron a llegar poco después que el GlobalPost le envió emails a los colegas de Fernández en la universidad. 

“Tengo entendido que usted está buscando al padre Federico Fernández y él está escondiéndose de usted”, decía un email. “Puedo decirle que él está aquí en la universidad”.

Luego de dos conversaciones telefónicas breves “Limpieza Unidos” paró de contestar el teléfono o responder los emails. Las llamadas al celular de Fernández que esta fuente proveyó no fueron contestados.

Fuera de las puertas de la universidad, estudiantes expresaron su asco e incredulidad de que un abusador de niños acusado era empleado y alto administrativo de su universidad.

“Como en los Estados Unidos, eso es un crimen aquí también. Lamentablemente nadie nos ha dicho nada de esto, nos están mostrando una fachada distinta”, dijo la estudiante de microbiología, Jessie Palomino de 21 años.

“Te hace pensar, ¿qué es lo que está haciendo la iglesia ante casos como este?”, agregó su amiga, Ena Acosta de 20 años.

Allá en San Antonio, otros católicos estaban preguntándose lo mismo.

El padre de Jennifer le dijo al GlobalPost que permanece profundamente afligido por las pesadillas que atormentan a su hija. Dijo que la vida de su familia ha girado durante mucho tiempo en torno a la iglesia local (él pidió no ser identificado, por la reacción que pueda ocasionar en otros feligreses).

Un ex militar, dijo que varias veces pensó que hacer justicia por mano propia. Dijo que ha tratado de obtener asignaciones cerca de Fernández, para así cruzar la frontera colombiana en busca del cura.

“Yo lo iba a matar”, dijo el padre de Jennifer. “Creo que toda la Iglesia Católica nos ha fallado, especialmente en esta comunidad. Y estoy hablando de las órdenes, los obispos, los cardenales, todos aquellos que están involucrados en la iglesia. Ellos saben que tienen un problema, pero dejan que estas cosas sucedan”.

Este reportaje fue realizado en Peru, Ecuador, Brasil, Paraguay, Colombia y los Estados Unidos.

Traducido por Pablo Zanocchi. (Click here for the English version.)